Troncos ahuecados, abrevaderos de antaño

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Tornajo de pino laricio abandonado en la sierra de la Cabrilla (Cazorla, Jaén), junto a dos forestales. A la derecha, Serafín Pérez, el que fuera durante muchos años guarda forestal de la zona, y a la izquierda, Andrés Castillo, ingeniero técnico de montes jubilado (foto Antonio Castillo, 19 de octubre de 2011)

 

Cualquiera que se mueva por sierras de viejos pinares, podrá contemplar todavía unos singulares abrevaderos hechos con troncos ahuecados. Algunos conservan su función, si bien la mayoría han sido sustituidos por otros modernos, o, peor aún, están sin uso por la seca de sus fuentes nutricias. Estos típicos abrevaderos eran conocidos por tornajos por los serranos (también dornajos), y tornajeras a la sucesión en hileras de ellos. La palabra, pese a su uso habitual en las zonas montañosas del sur y este peninsular, no está reconocida por la Real Academia Española. Si lo está, sin embargo, dornajo, de la que deriva, con un sentido similar: «Especie de artesa…».

Los mejores troncos para los tornajos fueron los de pino laricio (Pinus nigra) por su gran rectitud y longitud, aparte de por su buena durabilidad. No obstante, la madera de cualquier tronco hizo siempre funciones de humilde bebedero. Estos rústicos abrevaderos fueron la solución natural de pastores y gentes del campo, cuando ni los carriles ni la gasolina se conocía. En las zonas más elevadas de pastos de verano, en calares y navas con fuentes de pobre caudal, prestaron un servicio impagable. Las largas tornajeras proporcionaban suficiente volumen de agua y acceso lineal para la aguada de un buen rebaño.

Eso explica el del gran número de topónimos relacionados, como Tornajos, Tornajuelo, Tornajeras, Dornajo, y otros por el estilo, los cuales empiezan a carecer de sentido cuando los elementos que le dieron nombre ya no existen.

En sierras recónditas y aisladas, los tornajos fueron prácticamente la única tipología de abrevadero que uno podía encontrarse, sin olvidar los construidos en obra, normalmente cerca de cortijos y de caminos. Ello convirtió su fabricación en un oficio y un arte, en el que algunos hacheros fuertes y habilidosos gozaron de merecida fama. Conviene recordar que fueron tiempos en los que la madera constituía un valioso recurso del monte, una fuente de riqueza de la que vivían muchas personas y hasta pueblos enteros. Eran años en los que los golpes de las hachas retumbaban a cualquier hora en solanas y umbrías. Entre los hacheros se entablaban incluso apuestas y competiciones, y se cuenta que algunos eran capaces de fabricar un tornajo de laricio en poco más de una hora. Los mejores hacheros vivieron en las sierras de Cazorla y Segura. El extenso municipio de Santiago-Pontones (Jaén), con más de 600 fuentes inventariados en www.conocetusfuentes.com es el que goza del honor de poseer el mayor número de tornajos de España, un patrimonio cultural y un galardón en el que casi nadie habrá caído.

El resultado final eran unos abrevaderos, no solo rústicos y armoniosamente integrados en el paisaje, sino también apropiados para la fauna. Pero también eran duraderos, siempre que se conservaran llenos de agua, un requisito que favorecía su funcionalidad como aguaderos fiables, sobre todo en los calurosos y prolongados estiajes, en los que la madera ofrecía aguas frescas. Esos pequeños ecosistemas, incluyendo al manadero, a los derrámenes y al aliviadero, fueron sustento vital de muchos animales, entre ellos insectos como abejas o mariposas, anfibios, aves y mamíferos.

La emigración del mundo rural, la progresiva extensión de la red de accesos rodados y el “modernismo” fueron letales para estos abrevaderos tradicionales, que empezaron a ser reemplazados por otros más duraderos, más ligeros y sin necesidad de mantenimiento alguno. Muchos fueron sustituidos por piletas de cemento, poco que objetar, muy comunes de siempre en nuestros campos y perfectamente apropiados para la fauna. Lo malo fue el uso y abuso del plástico y del metal, tanto en formatos comerciales, como sobre todo en bidones cortados, o en bañeras esmaltadas. Estas últimas soluciones, son hoy demasiado habituales en nuestros campos, incluso en los selectos reservorios naturales, que son los espacios protegidos. Aparte de desentonar a la vista, esas bañeras modernas son poco adecuadas para la fauna, cuando no una trampa mortal para insectos y anfibios, especialmente dañinas cuando no rebosan o no disponen de peñones o troncos en su interior, porque el esmaltado impide la salida de los animales. Los pastores defienden estas soluciones por utilizar elementos reciclados de mínimo coste, por su elevada durabilidad y por su fácil apile, transporte y cambio de emplazamiento en caso de necesidad.

Tornajo primitivo del Cenajo de los Robles, compartiendo fuente con una bañera, junto al puntal del Águila, en el Parque Natural Sierras Cazorla, Segura y las Villas (foto, Ernesto Ángel Jiménez, 2019)

Moderna “tornajera” de bañeras esmaltadas en un otro parque natural de Andalucía. A la izquierda, detalle de una de esas bañeras con cientos de abejas ahogadas, junto a mariposas y otros insectos

 

Un oscuro futuro se cierne sobre los tornajos, como sobre tantos otros elementos del patrimonio natural y cultural de las últimas décadas. A mi modo de ver, no es un problema de los pastores, que tienen resuelto su problema. Entiendo que es la administración ambiental, especialmente en terrenos públicos y espacios protegidos, la que debería facilitar alternativas a las bañeras esmaltadas o a las piletas de chapa o plástico. Muchas veces he pensado en la oportunidad que tendría un proyecto que culminara en alguna solución-patente en ese sentido. Ahí dejo la idea.

Si nada se hace, los tornajos quedarán reducidos a presencias testimoniales, decorativas o a piezas de museo. En algunas montañas europeas y en ciertas comarcas españolas se vienen dando loables iniciativas de recuperación de estos bellos elementos. Los troncos son los mismos, si bien su elaboración está mecanizada o han sido ahuecados con el auxilio de motosierras, los hacheros de los nuevos tiempos. Ojalá cunda el ejemplo en Andalucía, total, soñar es gratis.

 

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